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“Yo soy un viejo, y encantado de ser viejo”: Todos envejecemos cada día, es incongruente ser edadista

Xaime Fandiño, experto en edadismo, señala que es una discriminación de la que la sociedad no es plenamente consciente, ya que todos envejecemos a diario pero no nos damos cuenta.

La sociedad española está cosida de lado a lado por la discriminación del edadismo, un “apartheid cronológico” firmemente asentado sobre prejuicios que hay que combatir por razones obvias de justicia social, pero también porque resulta poco inteligente orillar tanta experiencia y saber y porque ante el predecible incremento de la longevidad de los españoles a no mucho tardar “no habrá administración que lo aguante”·

Este es, de manera muy sucinta, el resumen del argumentario de Xaime Fandiño, miembro de la cátedra de Edadismo, iniciativa pionera en Europa impulsada por la Asociación de Familiares Enfermos de Alzheimer y otras Demencias de Galicia; por Atendo, entidad dedicada a acompañar en los cuidados a las personas mayores y sus familias; y por la Universidad de Vigo.

“Todos envejecemos cada día, no lo notamos porque el tránsito es largo, pero a todos nos toca, es incongruente ser edadista”, afirma en una entrevista con EFE Fandiño, “un viejo” de 70 años con un discurso tan acelerado como didáctico, enriquecido con ejemplos.

Yo soy viejo y ecantado de ello, no soy silver ni tercera edad

“Yo soy un viejo, y encantado de ser viejo. Viejo en gallego es ‘vello’, bonito. A mí que no me llamen silver, ni tercera edad, ni senior ni carralladas de esas. Eso son eufemismos para expresar de otra forma ‘puto viejo’. Hay que eliminar ese estigma. Hay que actualizar esa palabra”, afirma Fandiño.

Pero eso lo dice más tarde, después de explicar rápidamente que el edadismo es “cronológico, es biológico y es sociológico”, tres adjetivos que no tienen por qué coincidir en la misma persona: “Puedes parecer muy joven y ser muy viejo o viceversa, puedes ser socialmente muy joven o muy viejo, la edad no es sólo cronología, ese es el asunto”.

El edadismo, continúa, puede ser endógeno, y se da cuando una persona se dice a sí misma que determinada actividad o forma de hacer las cosas “ya no es” para ella: “La clave para decir eso es tu edad. Y si el edadismo es endógeno, es el abismo”, subraya Fandiño, doctor en Comunicación Audiovisual con un Máster en Filosofía.

Pero, sobre todo, el edadismo es exógeno, nace en los demás y se traduce en una discriminación de la que la sociedad no es enteramente consciente y que se resume en el acrónimo PSA: Pensamiento, que son los estereotipos; Sentimiento, que son los prejuicios; y Acción, que es la discriminación.

Fandiño lo explica con un ejemplo real, el de unos conocidos en edad adolescente que fueron a un establecimiento a tomar un bocadillo y que vieron, cuando el local se llenó, cómo eran apremiados por el camarero a abandonar la mesa para dejar sitio a los que estaban llegando.

“Los echó porque eran muy jóvenes. Si estoy yo no los echan, si uno de ellos es gay o negro, se monta, pero por la edad, no. La discriminación por edad hace mucho daño porque solo se da cuenta quien la recibe”, explica.

Sexismo, racismo y edadismo son los tres ismos discriminatorios, asegura Fandiño, pero no se combaten los tres con la misma tenacidad, si bien algo puede estar cambiando, como demuestra la difusión, el año pasado, del Informe mundial sobre el edadismo publicado por Naciones Unidas y del que es coordinadora la coruñesa Vânia de la Fuente-Núñez, que dirige la Campaña Mundial contra el Edadismo de la Organización Mundial de la Salud.

El informe sugiere cómo combatir el edadismo: con políticas específicas, legislación y educación sobre el envejecimiento y el contacto intergeneracional, pero Fandiño entiende que el orden de estos tres factores no es el correcto y que hay que comenzar por el último de los tres.

FONTE: https://www.hablandoenplata.es/

 

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