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Amar sin edad y sin permiso

AUTOR: JAVI RODRÍGUEZ

Amar sin edad y sin permiso: la increíble historia de amor de dos mujeres más allá de los sesenta años

“Derribé barreras, atravesé caminos escarpados, crucé las oscuridades. Dejé salir los violines y me esperaba ella, que me envolvió con su ternura y volamos libres”, escribió Lorenza Machín a los sesenta y dos años, cuando se enamoró de Carmen Cazorla

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Las Palmas de Gran Canaria

Lorenza Machín se casó por primera vez embarazada, siendo casi una niña. Su primera boda fue prácticamente de noche, furtiva, como para no ser vista. Hoy lo recuerda sentada frente a la ventana de su casita blanca de Agaete, a plena luz del día, dispuesta a sembrar con letras las hojas cuadriculadas de una libreta sencilla donde recoge los detalles de su vida. Junto a ella está Carmen Cazorla, observando los flamboyanes y dirigiendo miradas amables y besos llenos de ternura a su nueva compañera de viaje: Lorenza. De acuerdo a las convenciones sociales, su amor está fuera de tiempo y de lugar, y sin embargo, es uno de los amores más auténticos y cautivadores que uno puede conocer.

Es un amor improbable porque a tan solo cuatro meses de cumplir sesenta y dos años y tras una vida de heterosexualidad, Lorenza Machín había desechado por completo la idea inconfesable de dar y recibir ternura de otra mujer. Sin embargo, apareció en su vida una completa desconocida que le escribió desde Madrid a través de Facebook: “¿Puedo seguirte?”, a lo que Lorenza respondió: “No me sigas, camina a mi lado”. Esa mujer es Carmen Cazorla, con quien Lorenza Machín se acabaría casando por segunda vez, en esta ocasión, a plena luz del día y rodeada de colectivos LGTBi y activistas de Canarias que quisieron abrazar su amor.

Dos mujeres que caminan juntas

“¿Cómo pueden cambiar las historias en dos segundos? ¿Cómo yo puedo en estos momentos pasar de no importarme morir a desear vivir, vivir y vivir?”, escribió Lorenza en su libreta aquellos días. Sus anotaciones a mano han sido recopiladas en una antología titulada Caminando, que recoge episodios claves de su vida. Superados los sesenta años, Lorenza volvió a tener ilusiones, sueños y deseos de continuar. “Derribé barreras, atravesé caminos escarpados, crucé las oscuridades. Abrí una puerta permanentemente cerrada. Dejé salir de su interior los violines y me esperaba ella, que me envolvió con su ternura y volamos libres”, escribió Lorenza

Son pocas las mujeres capaces de romper las gruesas maderas y salir del armario a esa edad. Nacida en La Isleta y criada entre el Sahara y Puerto Cabras, Lorenza Machín es Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria y se ha ganado a pulso el amor de toda la sociedad, especialmente en los círculos antimilitaristas, pacifistas, LGTBi y de izquierdas en los que ha militado toda su vida. Su historia es las mujeres canarias que jamás han bajado los brazos, a pesar de las dificultades. Hoy tiene setenta y siete años y la vida le ha puesto una nueva piedra en el camino, el cáncer. Pero Lorenza mira a la enfermedad cara cara con la determinación de seguir viviendo junto a Carmen el tiempo que la vida les deje caminar juntas.

Creadora de la historia

Cuántas mujeres no se merecen el título de creadoras de la historia? Lorenza Machín es una de ellas. Heredera de aquellas mujeres impresionantes de ojos enormes y tez morena, como Josefina Pla, que nació en Isla de Lobos para atravesar a lomos de un camello el camino polvoriento majorero hasta ser bautizada en Lanzarote. Como Josefina, Lorenza es una isla sometida a los vaivenes del océano de la vida. Nació en la Isleta en 1946, hija de un radiotelegrafista en el Sahara y de una mujer andaluza en Fuerteventura. “Dejé la escuela a los once años y me puse a trabajar, como tantas niñas. Vendía chucherías que hacía mi madre. A los quince me comprometí con un muchacho y me casé sin haber cumplido los veinte. En 1966 nace mi primer hijo, yo a penas sabía leer y escribir”, rememora Lorenza.

Como Josefina Pla, Lorenza Machín quisiera a ratos “desfirmarse y desamordarzarse, desllorarse y desarrepentirse”. Por eso cuando se dio cuenta de que era lesbiana se despojó de muchos años. “Los dejé en ese baúl que tenemos en el trastero. Lo cerré y le puse un candado fuerte y seguro. Tengo una vida nueva. La que tenía caducó, o mejor dicho, no era mi vida. Eso sí, de mi vida anterior me traje dos tesoros, dos piedras preciosas, mis hijos”, escribe Lorenza. “Mi mente y mi alma se niegan a reconocer mi vida pasada, con lo cual, solo reconozco mi vida a partir de cuando vi un campo lleno de mariposas. ¿El resultado? No tengo edad. No tengo los años que marca mi DNI. Estoy empezando ahora”, escribió en su libreta en 2015, dos años antes de cruzarse con Carmen.

Lorenza Machín se divorció a los 58 años y se refugió en el teatro y el activismo. Gracias a la emisora cultural Radio Ecca mejoró su comprensión lectora. Empezó entonces su segunda vida como activista. “¿Por qué a los niños no se les sigue enseñando cómo se hace una cometa? No permitamos que se los lleven a campos de entrenamiento para decirles cómo se dispara”, escribió a propósito de las manifestaciones antimilitaristas de la Plataforma por la Paz que ayudó a fundar en Fuerteventura. Danzando como la hubara, como una brujita de Tindaya, Lorenza siguió caminando. “Tu cuerpo contabiliza años, pero tu corazón nace cada día como los rayos de sol”, escribió.

La generosa lucha de Lorenza Machín se centra sobre todo en las mujeres mayores. “No paro de pensar en ellas, en esas mujeres que no se atreven a vivir, que piensan que ya no vale la pena, que es demasiado tarde. Pienso en esas mujeres a las que les han arrebatado el deseo, tienen derecho a amar libremente y a ser felices”, explica Lorenza, que dirige sus mensajes a ellas desde hace muchos años. “A todas las que sienten aflorar en su cuerpo estos miles de sentimientos, decirles que nada tiene que ver con la edad, las razas o religiones. Solo se tiene que beber muy despacito, muy lentamente, cada minuto de felicidad que les viene, como un manojo de florecillas diminutas”, escribe Lorenza en su libreta.

“Loren lo es todo para mí”, cuenta con su voz dulce Carmen Cazorla en una breve nota de voz a propósito de este reportaje. Es tímida, pero contiene el amor por Lorenza en cada rincón de su rostro. Lleva el amor en las manos que la sostienen. “Quiero seguir compartiendo mi vida con ella hasta que la naturaleza nos deje. Me ha enseñado a vivir y a aprender a querer a la gente tal y como es, sin mirar nada”, añade Carmen. Estar al lado de Carmen y Lorenza es sentir la paz que prestan al mundo los árboles centenarios, llenos de armonía. En cada paso lento y firme que dan siembran concordia y futuro.

La enfermedad ha llegado a sus vidas, pero Lorenza ha decidido seguir caminando con el convencimiento pleno de que la vida es un segundo. Y es que Lorena Machín tiene un motor de vida: la absoluta conciencia de su responsabilidad en la conformación del mundo. “Eso que falta tanto hoy en día, en sociedades como esta. Es el mejor ejemplo para mí”, explica su hija Estrella a la SER. También lo piensan sus amigas, como Kika Fumero, directora del Instituto Canario de Igualdad. “Ha puesto el corazón y el cuerpo en primera línea siempre para luchar por nosotras, no tenemos forma de agradecerle lo que ha hecho por todas nosotras”, afirma Fumero.

Actriz, escritora y activista infinita

A lo largo de su trayectoria ha escrito y protagonizado decenas de trabajos y cortometrajes, la mayoría centrados en el empoderamiento de las mujeres. Ha dado vida de forma magistral a la Puta en el manicomio de su admirado Darío Fo y su compañera Franca Rame. Ha interpretado cortos como A vivir Reflejos de sol. Ha escrito cuentos infantiles como Las brujitas de Tindaya y el libro Aurora y Ocaso que editó con sus propias manos enhebrando cada página con un cordel. Así es Lorenza, una mujer que sabe amar lo que le rodea sin pedir nada a cambio y que entrega generosamente lo mejor que tiene a los demás.

También ha dirigido y protagonizado montajes como Mujeres en la noche. Entre los numerosos reconocimientos que ha recibido se encuentran el Premio Meninas, el premio Simone de Beauvoir y el Premio Arcoíris. La Federación de Asociaciones de Mujeres Arena y Laurisilva inauguró en Fuerteventura la primera biblioteca feminista de Canarias con el nombre de Lorenza Machín.

FONTE: CADENA SER

 

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